Verano en el patio




Se acerca la hora pautada. La humedad, el calor y la ansiedad se sienten en el aire. Están por ser las 4 de la tarde y el equipo está preparado para salir a la acción. Las caras blancas del protector, atravesadas verticalmente por pequeñas gotas de sudor que nacen en la frente compitiendo por ver cuál logra llegar al mentón sin ser barrida de un manotazo, los flota flota pegándose a la piel de las axilas y el deseo latente en el apretar de los dientes  por el ser la primera en tocar el agua. Todo se intensifica con el pasar de los segundos. 

Mi hermana y yo miramos el reloj, la aguja larga llega al doce. Miramos a mamá. Vemos su sonrisa que levanta sus cachetes presionando hacia arriba sus ojos y entendemos que es nuestra señal de largada. Corremos. Las baldosas del patio se sienten de lava. Vamos dando saltos. El miedo a resbalarnos no existe. En la carrera nuestras risas de felicidad se solapan. 

Mis manos se agarran con toda la fuerza al caño cubierto por la lona de plástico. Siento como el calor sube por mis brazos. Antes de saltar miro hacia el costado buscando a Lucia. No para de reír. Saltamos. 

El agua se siente tibia pero refrescante para el calor de afuera. Nos sumergimos y corremos en círculo para formar un remolino. Los pies se resbalan en el plástico, pero ahí tampoco existe el miedo a caerse. La pelopincho comienza a rebalsar por nuestra fuerza centrífuga y así se nos va la tarde, como el agua que lentamente encuentra su dirección y se drena por la única rejilla del patio.

Mañana nos espera otro día de verano. 

Comentarios

Entradas más populares de este blog

El acto

En línea

Lejos