Entradas

Mostrando las entradas de abril, 2020

El adiós

El giro de la llave se sintió incómodo. Benjamín tuvo que empujar   la puerta de entrada, que se resistía a abrirse ante una pila de hojas y sobres. Al dar su primer paso dentro de la casa, sintió la ausencia, sintió que en la mezcla de olores que caracterizaban y paseaban comúnmente por el lugar, faltaba uno, para él el olor más sincero. Sintió una mano que se apoyaba en su hombro buscando darle ánimo y empuje para avanzar hacia adentro. Se había quedado tieso en la entrada, como una barrera que separaba lo que había perdido en el hospital y la realidad diaria que lo aguardaba en ese nuevo hogar. Su papá más que nadie lo entendía, la pérdida era de los dos. Entró con él guiándolo del hombro hasta el living, como si fuese la primera vez que entraba a ese lugar. Colocó los bolsos en el sillón y se dirigió a abrir las cortinas y ventanas intentando darle vida y aire a esa casa. Benjamín lo miraba, esperaba que alguien le diga cuál era el próximo paso, cómo se seguía. Per...

La espera

Matías se miró las zapatillas una vez más. Seguían sucias. Pensó en esa última vez que las usó, el recital de Pearl Jam bajo la lluvia. Miró el reloj en la pared que tenía en frente, empezó a seguir el segundero, convenciéndose de que así de rápido pasaba el tiempo. A la segunda vuelta se rindió, ya no le pareció divertido. Se acomodó mejor en la silla, entregándose a la espera. Era la segunda vez que Arturo se tragaba una de sus medias. Ya conocía el procedimiento de lavado de estómago y todo lo que venía después: pasearse por la casa cuidando dónde pisar y limpiando bilis con papel del rollo de cocina. La segunda vez en 4 años, lo consideraba un buen promedio y se sentía orgulloso. Hay que estar 4 años pendiente de no dejar las medias en el piso o sobresaliendo de los cajones. Estas eran una adicción para el basset que parecía confundirlas con sus orejas. Se inclinó hacia un costado para sacar el celular de su bolsillo derecho. Encendió la pantalla y sólo se encontró con...

Autómata

Se gastó la yema deslizándola por la pantalla. Se endureció la capacidad de sentir.  Arriba y abajo. Todo el día. Arriba y abajo. Viendo sin ver. Queriendo sin querer. 

En línea

Estás en línea. Para mi en espera. En espera a que decidas entrar a mi chat. En espera a que elijas las palabras que quiero leer. En espera de un Escribiendo... Seguís en línea. Yo sigo en espera. Y mientras espero me pregunto: ¿Quién te tendrá en espera a vos? 

Amor en cuarentena

Se encontraron ahí. A través de esas ventanas de 2x1,5 que servían de ventilación de sus cocinas.  Todo comenzó muy casual, con encuentros desprolijos sin intenciones ocultas. Manchones en movimiento, hombros yendo y viniendo, manos trabajando sobre la mesada, ruidos de platos y cubiertos chocándose entre sí y el rechinar quejoso de las puertas de sus respectivos hornos. Empezaron a notarse por horarios compartidos. Al parecer para ambos el desayuno era algo que no se negociaba por trasnochadas, mañanas nubladas o el cansancio acumulado de no hacer nada.  8 a.m. Lucas y Stefi se encontraban en la cocina. Miradas de reojo comenzaron a transformarse en miradas sostenidas y comisuras de complicidad.  El tránsito y la actividad de esa habitación se volvieron cada vez más intensos.  Café y tostadas de parados, platos de fideos en mano, lavarropas y mesadas haciendo de apoya vasos. Todas las comidas se hacían en la cocina. Si era algo que requería usar un cuc...

Verano en el patio

Se acerca la hora pautada. La humedad, el calor y la ansiedad se sienten en el aire. Están por ser las 4 de la tarde y el equipo está preparado para salir a la acción. Las caras blancas del protector, atravesadas verticalmente por pequeñas gotas de sudor que nacen en la frente compitiendo por ver cuál logra llegar al mentón sin ser barrida de un manotazo, los flota flota pegándose a la piel de las axilas y el deseo latente en el apretar de los dientes  por el ser la primera en tocar el agua. Todo se intensifica con el pasar de los segundos.  Mi hermana y yo miramos el reloj, la aguja larga llega al doce. Miramos a mamá. Vemos su sonrisa que levanta sus cachetes presionando hacia arriba sus ojos y entendemos que es nuestra señal de largada. Corremos. Las baldosas del patio se sienten de lava. Vamos dando saltos. El miedo a resbalarnos no existe. En la carrera nuestras risas de felicidad se solapan.  Mis manos se agarran con toda la fuerza al caño cubierto por...

Ella

-Un cortado por favor- El mozo me entendió perfectamente con una seña, a tres mesas de distancia que me separaban del mostrador donde se encontraba dejando la bandeja con tazas sucias de café y bollitos de servilletas usadas. Yo estaba sentado exactamente en el punto central del bar, en línea recta al vértice de la vidriera que recorría toda la esquina. Era uno de esos bares antiguos, amplios, con mesas y sillas de madera barnizada y ventiladores colgando del techo. Desde ahí tenía una vista panorámica de todo lo que ocurría afuera, cuando la vi. Resaltaba fácilmente entre toda la gente que pasaba caminando de prisa, seguramente llegando tarde a sus trabajos. Tenía unas piernas quilométricas que se lucían sobre unos tacos negros haciendo que cada paso sea interminable. Vestía un traje negro. Una pollera, si es que su medida permitía seguir llamándola pollera. Un blazer al cuerpo unido por una fila de botones. A simple vista parecía que debajo no llevaba nad...

El hombre misterioso

¿Qué esconde? Solitario pasa sus noches detrás de libros y a la luz de las velas. La oscuridad de la noche pareciera, irónicamente, aclarar sus pensamientos. Encuentra en ella la comodidad que durante el día le es negada. Deambula por los pasillos de su casa en silencio, dejando que el resonar de cada uno de sus pasos sobre el parquet le marquen los segundos. Disfruta lo que la noche le propone. Suele fumar en el balcón, escuchando las risas, los gritos y voces de la gente que da vida a las calles. Ve pasar la suya sin sentir la necesidad de vivirla. ¿Qué habrá pasado con él? Qué fue lo que sucedió en el pasado que ahora lo hace sentir tan ausente, tan ajeno al presente y al correr de sus días, que uno tras otro parecieran una reproducción en serie. El hombre misterioso espera, él sólo desea ser como las partículas de polvo en el aire, que desaparecen al apagarse la luz.

Extraños

Ya con la mochila en los hombros me preguntó: -¿Viajaste alguna vez con un extraño? Pensaba responder que sí, por más que no lo haya hecho, no quería que supiera que estaba asustada, pero segundos más tarde, sin darme cuenta terminé diciendo la verdad. -Sí, y muchas veces. Él arqueó las cejas, como sorprendido. Continué. -Todos lo hacemos, viajar con extraños, con desconocidos ¿o acaso no viajás en colectivo, en subte?  Eso es viajar con desconocidos.  Ya sea un viaje de 5 paradas o de 20 cuadras, de 10 minutos o de 4 canciones en Spotify . Es un viaje compartido con personas con las que no compartís nada y a la vez todo, el recorrido previo al destino elegido. Abrí la puerta de la camioneta y me subí. Bajé la ventanilla y sintiéndome más confiada le dije: ¿Viajamos extraño?

La noche

Bailaba. Sola. Poseída por el ritmo. Como si nadie la estuviese mirando. Sus largos mechones de pelo negro se entrelazaban entre sus escuálidos brazos y sus manos que parecían garras, encontrándose intermitentemente cada vez que el estribillo llevaba su baile al clímax. Ojos cerrados, dejándose guiar por sus oídos, los encargados de transmitir una corriente eléctrica de excitación a todo el cuerpo. Piel erizada. Pies hinchados. Gotas de sudor cansadas. Perdida entre versos que hablaban de un corazón roto en recuperación. Palabras cantadas para ser arrancadas de las tripas. Las luces encendían su cuerpo, impactando en él en ángulos distintos cada vez, generando un caleidoscopio humano. Se negaba a abrir los ojos. El fin de cada canción significaba una agonía. Cada palabra final la acercaba un poco más a su realidad, que estaba ahí. Atenta, esperándola al otro lado de la puerta del bar. Lista para estrujarla entre sus brazos hasta hacerle quebrar los huesos. Soltándol...